Dos destinos penetran la cuestionable memoria de mi activo mundo onírico,
denso, húmedo, profundo, brujo.
En un sueño, camino sola por pasillos de casas , abro una puerta y descubro habitaciones que jamás nadie vio , que sólo yo pude intuir, colores de sangre y cielo, rojo y azul, sensación de placer temeroso… nunca entro, sólo muestro mi hallazgo ante la mirada impávida del habitante.
Después, y he aquí el sueño viajero que cada ciertas tormentas me posee…
Despierto y tengo 18 años, éstos últimos 13 años de vida no han existido, nada viví realmente, todo fue un largo e intenso sentir...en mi mente, en el viaje de mi espíritu al futuro; en un país cercano , extraño, que aún no amaba como hoy.
Tengo 18 años de nuevo.
Despierto, veo los adornos de mi mesa de luz, la ventana frente al escritorio, la inmensa, fantasmal, solitaria y diplomática mansión a la que acababa de llegar con mis viejos.
¡No!…todavía no me fuí, me angustio.
Entra Teo, laburaba en casa y fue mi primer amiga trasandina, me dice que me levante, que el almuerzo está listo, me quedé leyendo, estudio teatro de noche, tengo 18 años, nada fue cierto.
Estoy otra vez en los despertares del exilio.
Estoy otra vez ingenua, triste, cerrada, sola, con mis deseos.
Nada pasó, no pasó mi desarraigo, la carrera, el teatro, los viajes, los amigos, Santiago, las giras, Valparaíso, , la ausencia, las drogas locas.
Nada pasó, no pasó Buenos Aires, el amor, éste hogar, tu mirada, mi reencuentro, los escenarios, el sexo, la poesía.
He vivido el destino de lo posible, he saboreado el placer de muchos errores, gente muy buena, aciertos inolvidables, he vuelto patria, he dejado otra, he regresado a mi esquina, todo, todo... durmiendo.
Vuelvo a mis 18, me levanto, camino al escritorio, hay cartas que lloran distancias, hay peluches pelotudos, hay tragedia griega, hay tanto dolor…
Caigo de espaldas, aterrizo en el sofá cama, entra el puto rayo de luz de siempre que me da en el ojo derecho y volví… me alivio, volví… al alivio, a mis libros, a mis manos, a mi sonrisa clara, la que no nombra imposibles.
Vuelven los desordenes de horarios, los despertares orando, los días intensos y largos, mi puteada al despertar, mi alegría al salir, mi vida, hermosa, variada, sicótica a veces, pobre otras tantas, mi vida llena de amor, mi compañero, el teatro latente en mi concha, si en mi concha y en el pecho el grito que ya no te escupe, que ya no te escucha represión.
Vuelve mi vida como un ancla.
Me redimo ante ti presente, despiértame. No te abandono, no me abandones.


No hay comentarios:
Publicar un comentario